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domingo, 11 de octubre de 2009

Veo veo


¿Hasta donde puede arrastrarnos la fama? ¿Qué poderío se esconde detrás del ansia, de la necesidad de mostrar que somos alguien? Empezar a ser famoso no parecería ser lo difícil, sino el dejar de serlo.


Exhibición de fotos sensuales en red; páginas que hablan de cómo somos; cámaras mostrando todo; el minuto a minuto del Chat; los reality shows… ¿Qué parte de todo esta exposición es propio de nosotros y que parte es heredada de lo que vivimos como sociedad? Los psicólogos explican, haciendo referencia a los adolescentes, que necesitan hacerse ver, mostrarse, porque en los días que corren el cuerpo se desarrolla antes que la mente, entonces se limita la capacidad de refrenar los impulsos de mirar y ser mirados solo como objetos.


¿La familia puede educar en esta vertiente de imágenes cuando observamos que las madres prácticamente compiten con sus hijas en indumentaria, presencia y juventud? ¿Puede simplemente la voluntad de los padres contra una tecnología que los supera?


La sociedad también funciona como fomento de liberación del yo. Sabido es que los famosos que pasan demasiado tiempo sin ser noticia, contratan a fotógrafos para que los siga durante un día y así documentar las imágenes que invadirán las tapas de revistas, simulando espontaneidad y foto periodismo. O podríamos también mencionar a la infinidad de personas que son populares sin ser actores, ni músicos, ni humoristas, ni nada. Están ahí, en la pantalla, nadie sabe porqué, pero están insoportablemente. El mundo reclama fama, nosotros ser vistos. Ecuación perfecta para mostrar lo que somos, para intentar “ser alguien”. Si el hecho no sale en los medios, no es noticia. Ver para creer, aparecer para existir.


Llegamos a la insólita situación de ver diarios íntimos en formato blogs, ¿de qué intimidad hablamos?


Entablar algún tipo de relación personal con alguien se presenta cada vez más dificultoso. Podemos argumentar falta de tiempo; vidas vertiginosas; sumisión tecnológica; consumismo exacerbado; satisfacción inmediata sin reflexión y momentánea; etc. Así vivimos, por momentos, en una especie de soledad compartida con el mundo, pero soledad al fin. Comunicados pero incomprendidos. Relacionándonos pero sin conocernos. Uno al lado del otro, pero cada uno en su burbuja.


En la actualidad el personaje de Platón no querría salir de la caverna, no correría semejante riesgo, si total lo tiene todo, lo ve todo ahí sentado, en su refugio con Wi-Fi.

jueves, 10 de abril de 2008

Apto para todo público


Todos sabemos a que hacen referencia las palabras: “Televisión Basura”. Son aquellos programas en los que abundan los golpes bajos, los chistes fáciles, las imágenes morbosas y sin otro fundamento más que el rating. Si estas emisiones existen y cada vez en mayor cantidad, es porque alguien las mira.

No soy de los que opinan que la televisión debe educarnos, de eso se deberían encargar las escuelas, está bien que la tele entretenga pero molestan los contenidos emitidos a diario.

Se plantean muchos interrogantes. Podría empezar diciendo que no debemos quejarnos porque tenemos la libertad de cambiar de canal si algo no nos gusta, pero cansa en demasía que todo el mundo y en todos lados se hable por ejemplo de “bailando por un sueño”, incluso en canales que son competencia de el de Tinelli.

¿Lo que está en televisión es lo que le gusta a la gente o la gente mira eso porque es lo que hay? Es imposible saberlo con exactitud. Lamentablemente, a través del paso del tiempo me voy inclinando hacia la primera opción. En Internet, las páginas de rankings en donde muestran los sitios más visitados, como por ejemplo “Keggy”, exponen en los primeros puestos las peleas de Sofovich y Nazarena Vélez, o chimentos baratos, relegando a otros temas menos televisivos.

Lejos estoy de querer juzgar a los que miran estos programas, quizás, con los años yo también sea un consumidor más de este material. Llegás extenuado de trabajar, te tirás a descansar en tu casa y lo único que querés ver es algo tranquilo y que no te haga pensar, algo que te distienda.

Ya no nos asombra ver una cámara oculta de Jorge Rial a un ex Gran Hermano en una cita ÍNTIMA Y PRIVADA donde revela su homosexualidad. Lo que si nos puede dejar pasmados es descubrir que la Tv basura llegó a áreas impensadas como los programas o transmisiones deportivas, en donde la burla es lo principal dejando al descubierto las más bajas miserias. (Ver video). El deporte también es parte de la Tv basura.

Son muy pocos los programas de calidad que se me vienen a la mente, pero justamente esos dos o tres (Mujeres Asesinas, Televisión Registrada, Todo por $2) han obtenido respuesta por parte de la audiencia.

Una gran parte de los consumidores de televisión son los niños, hay leyes que disfrazan una ayuda para ellos, como la de “protección al menor”, ¿Sirve de algo esta ordenanza? Ahora podemos ver escenas fuertes de sexo o violencia a cualquier hora del día. Hay otra ley que prohibe la exhibición de menores en la pantalla pasadas las 22 horas. Tinelli sostenía su programa en base a los chicos pasado ese horario.

Es fastidiante ver como la televisión crea o refuerza estigmas sobre determinados comportamientos, modas o sucesos. En la novelita; el que roba, el chico malo y drogadicto siempre es el que tiene la remera de alguna banda de heavy. Esto es un reflejo de la sociedad discriminadora en que vivimos.

Ante la vertiginosidad en aumento de la vida cotidiana, el espectador tiende a quedarse poco tiempo en un canal. Es por ello que los contenidos de la programación buscan ser ágiles, dinámicos, sin nada demasiado profundo para retener a un público que, aprovechándose de la tecnología, pasa de una estación a otra mezclando géneros e “¿información?”.

Nos guste o no, la televisión es parte de nuestra cotidaneidad, para algunos compañía, diversión, distendimiento, o el común tema de conversación de cada día.


“Destrucción” de V8: “Ya no creo en nada, ya no creo en ti, ya no creo en nada porque nadie cree en mi. No dejan pensar, no dejan crecer, no dejan mirar pero por suerte puedo ver…”